jueves, 15 de febrero de 2018

La preocupada

Nos fuimos a Río de Janeiro, los 4 solos. Y pese a todo lo que yo me temía, y a lo mal que dormí las semanas previas al viaje...

-no nos robaron.
-no secuestraron a mis hijos en la playa.
-no nos clonaron las tarjetas.
-no nos estafaron con un departamento inexistente.
-el complejo donde nos quedamos no estaba sucio ni semi abandonado.
-no chocamos el auto que alquilamos.
-no nos perdimos en las calles de Río.
-no nos quisieron cobrar cargos extras cuando devolvimos el auto.
-no nos perdimos en el shopping para nunca más volver a encontrarnos.
-no perdimos el vuelo por llegar tarde al aeropuerto por los cortes de calles por el Carnaval.
-no nos quedamos sin plata.
-no nos pidieron el certificado de vacunación contra la fiebre amarilla para entrar a Brasil.
-no se nos cayó la llave del departamento por el agujero del ascensor.
-no presenciamos tiroteos ni otros tipos de violencia.
-las tarjetas fueron correctamente habilitadas.
-el roaming funcionó bien.
-al volver, nuestra casa estaba tal cual como la dejamos.

Siento que me estoy olvidando de 100 cosas más que me asustaban, preocupaban o sacaban el sueño. Ahora es difícil, teniendo todos los buenos recuerdos de unas vacaciones prácticamente perfectos, recordar qué era lo que me tenía tan mal, pero la verdad es que la pasé mucho peor en la previa de lo que dejé ver a Javi y a todos los que me rodeaban...

Últimamente estoy notando mucho eso en mí... y hace unos días scrolleando en Facebook apareció un link a un artículo con el título "Do you worry about how much you worry?" Una vez más , Gretchen Rubin (debe ser la décima vez que la nombro en un mes, what's passing?) haciéndome pensar y descubrir cosas nuevas sobre mí que una vez que las veo, they can't be unseen. 

Sí, me está empezando a preocupar cuánto me preocupo por todo, cuánta ansiedad registro por cosas a veces insólitas, ridículas o insignificantes. Javi es todo lo contrario, y por eso hacemos un super equipo, aunque es verdad que yo me encargo de ocultarle bastante a qué niveles llega mi neurosis... él solo ve una mina super preparada ante cualquier eventualidad, que suele tener plan A, B y C para muchos imprevistos. No sabe cuántas horas de sufrimiento o cuánta rumiación de pensamientos me llevaron hasta ese lugar...

Otra frase que me quedó dando vueltas es del libro "10% Happier" de Dan Harris, Él le planteaba a la persona a cargo de un retiro budista que el preocuparse de cosas mundanas es importante, no irrelevante, porque, por ejemplo, perder un avión es un problema real, a lo que le respondieron "But when you find yourself running through your trip to the airport for the seventeenth time, perhaps ask yourself the following question: 'Is this useful'?" (Pero si te encontrás repasando tu viaje al aeropuerto por decimoséptima vez, tal vez deberías preguntarte "¿es útil esto?") Mega ouch. Mega touché. Por eso estoy tratando de recordar esto en mis rumiaciones, y cuestionar la utilidad de tanta anticipación a todo lo que podría salir mal. Porque como dice este Dan, "It's okay to worry, plot and plan (...) but only until it's not useful anymore". 

(Las fotos lindas y divertidas están en Facebook... acá solo el lado B).


sábado, 3 de febrero de 2018

Algo que me hizo reír

Cuando tres de tus blogs favoritos (yankees) postean el mismo video sobre paternidad, evidentemente es que está muy bueno y que vale la pena compartirlo. A mí me hizo reír!


No puedo negar que soy bastante adicta a la medicina que recetan...


BTW, esos tres blogs que me copan, en orden de ♥, son:

♥♥♥: A Cup of Jo, recomendado por Georgi hará como mil años, es el blog que visito y amo todos los días.

♥♥: Mommy Shorts, el blog de Ilana, la blogger que conocí cuando vino a Bs As  por una campaña publicitaria en la que estaba trabajando. Ahora es blogger full time y le va espectacular!

♥: Tales of Me and the Husband, un blog que a mi entender, quiere ser Cup of Jo y no le sale del todo, pero vi el video ahí primero entonces es justo y necesario dar crédito (?).


viernes, 2 de febrero de 2018

La inútil

El lunes, mientras Javi jugaba al fútbol con amigos, yo leía y cocinaba tartas y los chicos miraban YouTube. Cuando la comida estuvo lista, les pedí que fueran a la mesa mientras yo servía. Segundos, instantes, después, se escucha un grito de Vito. No sus típicos quejidos o llantitos cuando se cae o golpea; un grito desgarrador, de dolor posta. Fui corriendo y Genaro me dice que se había golpeado la espalda.

Pánico. Lo veo parado y me tranquilizo. Le pido que se acueste en el sillón, y ahí me bloqueo. Tenía un raspón todo a lo largo de la espalda. No sangraba pero estaba lastimado. Ni idea cómo describirlo, les muestro la foto:


Una pavada, básicamente. Y es importante reconocer la pavada que era para dar cuenta de hasta dónde llega mi inutilidad. Mientras Vito lloraba y gritaba de dolor, yo me quedé paralizada. Ya no tenía miedo de que fuera grave, porque veía que no, pero de verdad, posta-posta, no tenía idea de qué hacer. Para corrida a la guardia me parecía poco, para no hacer nada me parecía mucho. Sabía que recaía en mí la posibilidad de dar algún tipo de primeros auxilios, pero ni idea cuáles.

Entonces, hice lo que cualquier inútil que se precie haría, y pedí ayuda. Primero, llamé a una amiga a la que tantas veces jodí por su sobreprotección a sus hijos y su afán por llevarlos a la guardia, pero que es la que me salva las papas siempre en estas situaciones. (Gracias Lu, te quiero!) Su marido farmacéutico me recomendó el tratamiento (lavar bien con agua y abón, una ciencia loca) y las posibles cremas a aplicar. Paso 2, llamé a mis santos padres, que interrumpieron la película que estaban viendo en su casa para correr en nuestro auxilio, previo paso por la farmacia.

Llegaron al toque, mi mamá lavó a Vito (porque yo lo había intentado, pero me daba tanta impresión tocarlo cuando gritaba que no pude lavarlo con jabón), y mi papá le puso la crema. Yo miraba de lejos y sufría con su llanto. UNA BOLUDA.

Les aclaré a mis viejos, y me gusta volver a aclarármelo a mí misma, que yo los llamo a ellos porque puedo, básicamente. Porque están cerca y dispuestos y sé que no les jode venir. Sé que si viviera lejos o estuviera sola por cualquier motivo, me las arreglaría sola, pero no es el caso. Así que sí, soy una inútil en este tema tan importante. Espero y pretendo mejorar, pero más espero que no les pase nada, nunca!

lunes, 29 de enero de 2018

Llegando tarde al Clone Club



Orphan Black fue una de esas series que vio primero una de mis hermanas... después mis viejos... después mi otra hermana... y cada uno que se enganchaba me la recomndaba enfáticamente, pero yo de jodida, no la empecé a ver hasta que todos la terminaron.

Javi, al tercer capítulo, dijo que él no podía una serie con un argumento tan flashero. Le recordé amablemente que seguimos mirando, y bastante fanatizados, THE WALKING DEAD. O sea, zombies sí, clones, no? INADI buenas tardes!

Como era bastante de esperarse, la serie me atrapó, y terminamos viendo los 50 capítulos en poco más de un mes. Sí, hay clones, sí, hay tiros y muertes violenta, y sobre todo, para mi gusto, HAY DEMASIADAS FUCKING AGUJAS EN CADA CAPÍTULO!!! Porque yo puedo ver una operación a corazón abierto (?) en Grey's Anatomy sin problemas, pero de ninguna manera puedo no cerrar los ojos cuando le vienen a sacar sangre para el pre-operatorio...

En fin, más allá del argumento, lo mágico de esta serie es su protagonista, Tatiana Maslany, que hace más de 7 papeles, 5 de ellos todo el tiempo en la pantalla, y logra que te olvides que es la misma actriz. Lo que hay detrás de todo esto es el antiguo debate de natura vs nurtura, de cuánto de lo que somos ya viene con nosotros al nacer, y cuánto vamos adquiriendo una vez que entramos al mundo.

Cada papel interpretado por esta actriz tiene un look diferente, para hacer a cada personaje fácilmente reconocible, pero además son tan distintas en todo, que verlas interactuar es fascinante. Y te hace pensar también en que en realidad, todas somos un poco de cada una, y podríamos haber terminado siendo cualquiera de ellas, variando un poco las circunstancias.

A mí me hubiese encantado ser una Cosima, por lo geek, lo científica y (admitámoslo), las rastas...

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Pero nunca me tomé el estudio demasiado en serio, y siempre me atrajeron los hombres...


No soy una asesina entrenada ni me criaron en la religión, como a Helena...
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Pero estoy completamente de acuerdo en que YOU SHOULD NOT THREATEN BABIES... y no sé qué clase de impulso saldría de mí si alguien amenazara a mis bebés.

No suelo abandonar a mis hijos para drogarme y salir de joda, como Sarah...
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Pero vamos, más de una vez, confieso que me hubiese gustado!

No soy una poderosa mujer de carrera como Rachel...
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...pero me gusta su estilo frío e impersonal, y cómo se va ablandando y redimiendo cuando la ocasión lo amerita.

No soy una adicta a la estética como Krystal...
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...pero me copan sus uñas!

Finalmente, a pesar de no haber incursionado en el narcotráfico (!), el clon con el que necesariamente me identifico es con Alison.
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Su craft room es un sueño para mí, su estilo de maternar y de convivir en un matrimonio me parecen bastante conocidos, y esa eterna pregunta de "¿esto es todo lo que hay en la vida para mí?" también me parece entendible. Y de que en un intento por ser más fiel a ella misma se haya teñido el pelo de violeta, bueh, YA HABLAREMOS.

Tatiana Maslany, soy tu fan forever. Si no le tienen miedo a los argumentos locos, pruébenla (está en Netflix, y ya terminó así que nada de esperar nuevas temporadas), y después me cuentan (?)





viernes, 26 de enero de 2018

Las fotos y yo

Una de las resoluciones de Gretchen Rubin en su "Happiness Project" es la ser "a treasure house of happy memories". Podría traducirse, en un sentido amplio, como ser la 'tesorera' de  los recuerdos felices de una familia. Siempre me gustó ocupar ese lugar; es algo que me sale naturalmente y sin esfuerzo, y que disfruto.

Más allá del típico álbum del bebé (que, a decir verdad, solo tengo de Genaro, y completado a medias!), tengo documentadas y archivadas las vidas de mis hijos en múltiples formatos. Por empezar, las fotos están organizadas en la computadora de una manera bastante obsesiva...


Además, tengo las carpetas de fotos en Facebook, mi cuenta de Instagram, los varios blogs públicos y privados, y los álbumes con fotos impresas con leyendas escritas en washi tapes. Y por si fuera poco, desde el año pasado mi agenda hace las veces de diario adolescente, porque además de las cosas necesarias para mi funcionamiento diario como persona adulta, escribo también lo que hicimos en la semana, y le pego fotos en miniatura, gracias a mis padres-sponsors que me regalaron una impresora para mi cumple. Un nivel de type A personality importante, pero es lo que me gustaba hacer a los 15, y es lo que me gusta hacer ahora.

Mando a imprimir fotos con Imagena dos o tres veces al año, en grandes cantidades (entre 50 y 100) y con esas renuevo los portarretratos del living (que serán alrededor de 30), y los de las galerías de fotos de los cuartos de los chicos. Esta última impresión, fueron ellos los que eligieron qué fotos querían tener en sus paredes, lo que me encantó. Las que sobran de la tanda, van a una caja de fotos que también está categorizada, porque no vaya a ser que se me mezcle una de Vito con alguien de la familia de su papá, con una de Javi y yo en la playa! El horror!

No sé si todo esto servirá de algo a futuro, pero por el momento, disfruto mirando los álbumes, las agendas, las carpetas y la pared del living, con muuuuucha frecuencia. Be Gretchen, dice Gretchen; Be Ana, me digo yo, y me abrazo de estas excentricidades, y las sigo haciendo con todo el orgullo y la dedicación del mundo.

jueves, 25 de enero de 2018

Nuestras tradiciones



Algunas fueron a propósito y desde el principio, otras se fueron dando espontáneamente, otras surgieron a partir de alguna necesidad concreta, y, lamentablemente, algunas otras que me gustaban se habrán ido perdiendo con el tiempo y ya las olvidé... pero aquí están, a grandes rasgos, las tradiciones que sostenemos al día de hoy.

Diariamente:

-Juegos de palabras en la mesa. Con la ampliación de la casa, un mini conflicto que tuvimos con Javi fue el de la tele en el comedor. Los dos crecimos mirando tele mientras comíamos, pero con una gran diferencia: a él no le jodió nunca, y a mí sí. Me molestaba que me callaran cuando estaba contando algo de mi día para ver qué estaba pasando en la novela o en el programa del momento. Por eso, para mí era extremadamente importante NO tener un televisor disponible en el lugar donde comeríamos la mayoría de las veces. No me alcanzaba el razonamiento de "bueno, pero si no querés no lo prendés y listo, ¿qué te molesta que esté ahí?", porque conozco las artimañas y negociaciones, muchas veces frustrantes para todas las partes involucradas, que surgen de cosas tan aparentemente inocentes, como esa. Entonces no. Tele en el comedor no. Pero Javi igual puso una conexión para el cable ahí, por si a futuro cambiamos de opinión, así que todos contentos (?). Con el paso del tiempo, él admitió que estaba buenísimo comer así, porque nos predisponía a todos a tener un encuentro y una charla que no se podrían dar de la misma manera con la tele, o la tentación de la tele, al lado. A medida que los chicos crecían y se comunicaban mejor, empezamos a jugar juegos con palabras mientras comíamos, también. Al tradicional veo-veo le sumamos el "Barquito Peruano", un juego de categorías, y terminó siendo nuestro preferido de casi todas las noches. El tema es que Vito insiste con jugarlo en cualquier mesa, y no todo grupo de adultos está dispuesto a romper la clásica charla para ponerse a pensar en nombres de verduras o personajes de dibujitos animados...

-Ritual antes de dormir: como ya mencioné acá, todas las noches, después de comer, vamos al cuarto de Vito, Geno y/o yo leemos algún cuento, y después Geno se va a lavar los dientes mientras yo me quedo cantándole a Vito. (Anoche yo estaba mirando una película en mi cama y le pedí a Javi que los acostara cuando volvió de fútbol, pero Vito, preocupadísimo, me pidió que le enseñara a su papá la canción de todas las noches. El problema con eso es que la letra cambia a diario, en base a lo que pasó en el día! Javi hizo su mejor intento y Vito declaró "tu canción no es tan buena como la de mamá, pero igual está bien". Win-win-win.) De ahí, Geno y yo nos vamos a su cuarto, leemos un párrafo cada uno de algún libro más largo, y, aunque no quiere canción, sí pide que lo tape y le dé un beso de buenas noches.

Una vez por semana:

-Cambio de sábanas. Los miércoles los chicos no tienen que hacerse la cama, pero sí sacar las sábanas, juntar todas, y ponerlas a lavar. El año pasado vi esta imagen...

Resultado de imagen para si tu hijo puede manejar todos estos aparatos

...y decidí ver si funcionaba la idea. Bueno, OBVIO que funciona. Poner a andar el lavarropas implica literalmente apretar 3 botones, y los dos aprendieron al toque. Los hace sentir capos, responsables, grandes y ayudadores. Ahora Geno, además, está lavando la ropa del canasto de su cuarto en el fin de semana, pero sospecho que ese entusiasmo no le va a durar mucho tiempo. 

-Peli cuando papá no está. Javi juega al fútbol una vez por semana. Cuando los chicos eran más chicos, esto era algo que me jodía sobremanera, básicamente porque recaía en mí la responsabilidad de cocinar, alimentar, bañar y acostar a los dos chicos, cosa que el resto de los días hacíamos de a dos. Ahora, todo este proceso es infinitamente más fácil y placentero, por lo que realmente no se necesitan dos adultos para llevarlo a cabo (antes tampoco, obvio, pero era mucho más cómodo así). No sé si fue una jugada de buena madre o de jodida nomás, pero hace un tiempo declaré que cuando Javi se iba a jugar al fútbol, los 3 que quedábamos teníamos permiso para comer en el living, mirando una película a elección de los pequeños. La razón oficial es "para no extrañar a papá"; la parte de jodida es que el que quería comer con pantalla era él, y es el único que no lo hace. Pero bueno, él se va a jugar con los amigos, así que está contento igual. Y lo cierto es que funciona, porque los chicos, en vez de cuestionarle por qué se va una noche por semana, por poco lo empujan a la puerta o le recriminan si alguna vez no se va. 

Fechas especiales:

-Pascuas: Empiezo por aclarar que yo no soy religiosa, (ni católica, ni nada), pero me gusta colgarme de todas las tradiciones y fiestas que puedo. Cuando mis hermanas y yo éramos chicas, mis papás nos escondían los huevos de Pascuas en la casa, al principio diciendo que los había dejado la "Coneja de Pascua". Mi mamá se enteró después que esa era una costumbre alemana; ella la había aprendido en el colegio donde trabajaba. La idea siempre me gustó, porque es una vueltita de tuerca a la lluvia de chocolate completamente infundada que se recibe para esa época. Por eso, desde la primera Pascua donde Geno caminó (a su año y medio), le compramos una caja de esos huevitos chiquitos y le escondemos varios por toda la casa. Ese primer año los envolvimos en papel crepe naranja, verde y azul, y ahí empezamos a sospechar de su daltonismo, porque no veía los naranjas que tenía literalmente enfrente, sobre el pasto, pero encontraba sin problemas los azules. A partir de ese año, repetimos la dinámica siempre, aunque ahora le sumamos un poco de tecnología, ya que lo que hacemos es esconder los huevitos y sacarles una foto bien de cerca para que tengan que deducir adonde están escondidos. El año pasado les escondimos solo 6 huevitos a cada uno, y les pusimos letras y números para que formaran una contraseña que desbloqueaba un regalo más grande. Se va complejizando el tema, y a veces me pregunto para qué tanta cosa, pero la realidad es que a mí me encanta. 

-Navidad, siendo mi época preferida del año, tiene varias mini tradiciones, como el calendario de adviento bien pagano, con forma de Papá Noel, que los chicos van siguiendo día a día. Dos de las tradiciones que más me gustan son la de la foto familiar y la de la colección de objetos navideños. Todos los años, entre el 8 y el 24, sincronizamos agendas y vamos los 4 a sacarnos una foto con Santa en el shopping que tenemos más a mano. Mega comercial, yankee, y vacío de emoción, puede ser, pero a mí lo que me interesa es ver cómo va creciendo nuestra colección año a año. Esas fotos se guardan junto con el arbolito y demás decoración navideña, y se exhiben todas juntas cada diciembre. La segunda idea es la de elegir cada año un objeto en particular que es asignado a cada hijo (escribiéndoles el nombre y el año), para que el día de mañana (?) tengan su propia colección de objetos de su infancia para llevarse a sus casas. Cuando eran bebés no entendían nada, y cuando sean adolescentes les va a dar vergüenza/espanto, pero ahora están en esa etapa maravillosa donde la idea les encanta, les importa ver sus colecciones, y hasta pidieron usarlas para decorar sus cuartos en esta Navidad que pasó. Ay, latencia, no te vayas nunca!!

Lo genial de estas tradiciones es que les da a los chicos algo que esperar, algo que hace de cada evento algo especial, con peso propio. Lo que tienen de malo es que los chicos, sobre todo Geno, se apegan mucho a estas tradiciones, y no olvidan, incluso cuando nosotros sí. Nos pasó hace unos días, con Reyes. Ellos se habían ido a dormir a la casa de mi hermana, y cuando volvieron tenían un regalito cada uno arriba de sus zapatos. Los abrieron: a Vito no le gustó nada de nada su regalo y se indignó (casi lo mato). Genaro se alegró y se mostró agradecido por los conitos de entrenamiento que recibió, después se dio vuelta, nos miró desconfiado y dijo "pero ¿qué, no hay búsqueda del tesoro, como nos hicieron los Reyes el año pasado?" Ouch. Lo había olvidado completamente. Así que no hubo búsqueda del tesoro, y despedimos sin más a una tradición que no prendió. 

miércoles, 24 de enero de 2018

La malcriada

Todos los miércoles, desde mediados del 2016 más o menos, vamos al "Club de los Miércoles". En realidad, se trata de un almuerzo en lo de mi abuela, pero mi tendencia a ponerle nombre a todo hizo que enseguida algunos de los habitués empezáramos a llamarlo así.

Antes cocinaba mi abuela; ahora es mi tío el que hace el 90%. Para varios de nosotros, la llegada del miércoles trae la promesa y la alegría, no solo del encuentro, si no de la mejor, más casera y más copada comida que comemos en la semana. Porque tanto tío como abuela, además, son grosos cocinando.

Generalmente somos entre 10 y 15, entre dueños de casa, hijos, nietos, bisnietos y novios o maridos. Durante el año, yo estoy siempre apurada porque entro a trabajar a las 3:20, pero en estos meses puedo quedarme hasta la hora que sea, ayudar a levantar la mesa, y disfrutar de una sobremesa más larga.

Básicamente, es la mejor excusa para tener una cita de media semana preprogramada y sostenida en el tiempo con mi abuela, a quien si no, solo vería los domingos. Como felicidad extra, me da la posibilidad de compartir un almuerzo en la semana con Javi, que se organiza para venir casi siempre.

Anoche la susodicha me llamó para preguntarme cómo era mi relación con los champignones. Le dije que los he tragado, pero que no me copan, y le sugerí que dejara los fideos que quería hacer hoy para cuando yo me fuera de vacaciones. Le pareció un buen plan, y zafé de los champignones. Otras veces, cuando llega la hora del postre, me dice que hay bananas, o duraznos en almíbar, y que compró "el dulce de leche tuyo". Es que la genia sabe que amo el ddl, pero solo el de La Serenísima, y solo el estilo colonial. Y en vez de mandarme a cagar como bien podría hacer una abuela a su nieta boludona y caprichosa de 33 años, ella va y compra, o manda a comprar, el dulce de leche que me gusta a mí.

Entiendo que tener abuelas a esta edad es un lujo. Pero tenerla a ella, (y a la otra, quien merece mil posts aparte), ya es tocar el cielo de las abuelas con las manos.